Bendita Locura.

Nos pasamos la semana pendientes de la ola polar que atraviesa el país, oyendo en las noticias que las temperaturas serán extremadamente frías, que recomiendan no salir de casa…

Por mucho que miremos las previsiones, sabemos de sobra que cuando llege el sábado volveremos a madrugar otra vez, volveremos a mirar a través de la ventana empañada cómo falta poco para que empiece amanecer y entonces, pondremos en marcha nuestro ritual semanal.

Como cada sábado me levanto, salgo sin hacer ruido de la habitación y empiezo a prepararme para un nuevo entrenamiento, hoy toca una rodada larga en bicicleta.  Anoche me dejé la ropa colgando de una silla con la misma ilusión de cuando empecé a salir en bici hace ahora 15 años. Hace muchísimo frío, lo siento igual que los demás, me da pereza madrugar igual que a los demás, me fastidia pasar del calor del nórdico al frío de la calle como a los demás. La diferencia con el resto de la gente es que, sin saber por qué, vuelvo a hacerlo semana tras semana.

Tardo más de 15 miutos en ponerme una infinidad de capas de ropa, de calcetines, de guantes, de gorros… me espera una dura mañana. Me vuelvo a asomar comprobando que ya hay luz suficiente para poder salir, empieza mi fin de semana!

Una vez en la calle compruebas que hace mucho más frío del que creías, pero no importa, llevas toda la semana esperando este momento y hay que disfrutarlo. Con los primeros rayos de luz no paras de saludar a gente de tu misma especie, todos están helados de frío, pero ahí están, no falla nadie. 

Sin darte cuenta, la mañana va pasando, ya ni te acuerdas de lo mal que lo has pasado hace apenas una hora, ya estás en tu mundo, con tu gente. Aquí todos te entienden, todos hablan el mismo idioma, no hay miradas raras, nadie critica nada, nadie te pregunta qué necesidad hay de pasarlo mal, nadie te dice que estás loco, nadie te aconseja quedarte en casa calentito… aquí  todos están igual de locos que yo, es genial!

Una vez llegado a casa 6 horas depués y con casi 150 kms en las piernas todo ha valido la pena, sólo el que lo vive sabe de lo que hablo. El frío, el madrugón, el dolor de piernas y la sensación de fatiga quedan en un ridículo segundo plano, llegan las buenas sensaciones, el sentimiento del deber cumplido, la satisfacción de haber sumado un sábado más en mi camino hacia quién sabe dónde, la felicidad de haber disfrutado otra vez de hacer lo que más me gusta y el orgullo de no haberme dejado vencer por unos cuantos grados bajo cero.

Hoy ya he cumplido, mañana sigue siendo fin de semana, seguirá  haciendo el mismo frío, la ventana volverá a estar empañada y en la calle seguiremos estando bajo cero… y no me preguntéis por qué pero antes de acostarme ya he dejado la ropa colgando de la silla.

Bendita locura!

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