Carreras de montaña, dónde está el límite?

“La mejor arma de seguridad es el miedo y escucharse a uno mismo”, afirma Kilian Jornet | “La montaña es peligrosa y algunas personas iban mal equipadas”, sentencia el corredor Josep Pera

Kilian Jornet sólo tardó ocho horas y 42 minutos en recorrer los 84,2 kilómetros, con 6.098 metros de desnivel positivo, del Cavalls del Vent, en el parque natural Cadí-Moixeró. Òscar Figueras precisó 22 horas y 42 minutos en salvar la misma distancia, en un fin de semana, el último de septiembre, de lluvia, frío y viento. Los cada vez más populares ultramaratones de montaña, como el Cavalls del Vent, reúnen a un heterogéneo grupo de corredores, desde superatletas como Jornet hasta aficionados con más o menos experiencia en busca de sensaciones extremas. ¿Están todos preparados para aguantar, física y mentalmente, un día entero corriendo?

El espectacular boom de los ultratrails y desgraciados accidentes han llevado a las federaciones a acelerar el proceso para reglamentar estas pruebas y exigir que todos los participantes avalen con un certificado médico que reúnen las condiciones para afrontar retos impensables para la mayoría de los mortales. Goyo Larrañaga, director del área de carreras de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (Fedme), apunta que el año que viene los ultratrails ya tendrán un reglamento. La norma, entre otras cuestiones, exigirá “un completo certificado médico; prohibir a alguien que siga corriendo si la organización detecta que no está bien; establecer un recorrido alternativo en caso de mal tiempo y, quizás, pedir experiencia en otras carreras”, detalla Larrañaga. Actualmente, y en general, no se solicita que los participantes acrediten un cierto nivel ni tampoco que presenten un examen médico que minimice el riesgo de accidentes fatales.

“Para asegurar la excelencia de los organizadores quizás deberíamos plantearnos pedir a los corredores marcas, experiencia en otras carreras, además de superar una prueba de esfuerzo por temporada. Lo que está claro es que no se pueden saltar peldaños, no se puede pasar de golpe de una carrera de 10 kilómetros a una de 80”, opina Juanjo Garra, director técnico de la Federació d’Entitats Excursionistes de Catalunya (FEEC). Garra considera que cada año hay un nivel más alto, “pero hay que tener en cuenta que este es quizás el único deporte en el que los profesionales, cracks como Kilian Jornet, compiten con modestos aficionados”.

La conveniencia de poner filtros no logra el consenso. El propio Jornet considera que es el participante el que debe realizar un acto de autorresponsabilidad, ser sincero consigo mismo y ver hasta dónde puede llegar. Lo que pasa es que cuando el cuerpo y la mente están al límite no es tan fácil tomar decisiones sensatas. “Cuando salimos a la montaña no buscamos la muerte, pero ya decía Reinhold Messner que la montaña no es justa ni injusta, es peligrosa”. El escenario es lo que marca la diferencia, no es lo mismo correr un maratón urbano que salvar desniveles de vértigo en un terreno pedregoso a 2.000 metros de altura, de noche y en medio de ninguna parte. “Hay que saber escuchar a la montaña, en este entorno cada carrera es distinta. ¿Pedir puntos? En el ultratrail del Montblanc los piden y mucha gente los consigue participando en carreras cerca de París. Y claro, llegan a Chamonix muy fuertes físicamente, pero sin conocer el medio. Esta gente sí es peligrosa”, afirma Jornet. Para este corredor, considerado el mejor del mundo y que está a punto de cumplir los 25 años, “la mejor arma de seguridad es el miedo y escucharse a uno mismo”.

A juicio de Jornet, la política que se debe seguir para reducir riesgos consiste en la educación y la formación. “La gente flipa mucho y enseguida quiere apuntarse a pruebas de 100 kilómetros antes de correr un maratón, y la experiencia, en el medio en que nos movemos, es determinante”. Jornet contestaba las preguntas de La Vanguardia este sábado a más de 4.000 metros de altura, mientras descendía el monte Montblanc, en uno de sus exigentes entrenamientos.

De la misma opinión es el doctor Daniel Brotons, especialista en medicina del deporte. “Más que de poner filtros, se trata de sensibilizar a la gente asumiendo que no se puede controlar todo al 100%. El reto de los médicos es reducir los elementos que generan riesgos cardiovasculares, pero aunque pongas límites siempre pueden producirse accidentes”, indica Brotons. En los ultratrails, a juicio de Brotons, juegan tres factores decisivos: el atleta, la organización logística del sistema sanitario y la montaña. “Podemos buscar la excelencia en los dos primeros, controlando al deportista con electrocardiogramas y un buen entrenamiento, y diseñando un gran dispositivo de seguridad, pero siempre nos queda el entorno, que es incontrolable. Las fatalidades pueden pasar”. Teresa Farriol, experimentada corredora, murió en el último Cavalls del Vent tras sufrir una hipotermia en una jornada de frío y lluvia. Los 673 abandonos del total de 896 participantes evidencian la dureza de una prueba por un factor incontrolable, el tiempo.

Josep Pera, de 45 años, sí acabó y fue testigo del extremo sufrimiento de mucha gente, “que llegaba muy mal y temblando al refugio de Prat d’Aguiló, cuando todavía faltaban otros dos para el final. La montaña es peligrosa y algunas personas iban mal equipadas, creo que hay que poner filtros”. Pera corre ultratrails desde hace diez años y sabe que en este entorno, cambiante e incierto, la experiencia es un grado: “Tenía frío, pero llevaba ropa seca y pude cambiarme, si no, no hubiera seguido, y siempre iba con alguien al lado, de noche es básico”

Fuente: La Vanguardia

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