Es apasionante sentirse vivo

Julio, 39 años, natural de Elche. Profesión: Informático

Julio Zaragoza

A menudo imagino los acontecimientos como metáforas de la vida. Todo lo que uno hace, lo grande y lo pequeño lo veo encajar en esa estructura.

La carrera de hoy no es una excepción. Hoy cumplo dos años desde que empecé a correr. Se me hace muy extraño pensar que este hábito no haya formado parte de mi siempre. 
Pero lo extraño está siempre en el menú y hasta lo más sagrado cambia en cuestión de un día.
Me he dado cuenta de que en cada carrera hay una promesa cumplida, no es sólo correr, hay algo más intenso que no se explicar.

-¿Estás dispuesto a darlo todo?

-Sabes que sí.

-Mientes y tú lo sabes. Te lo demostraré.

Nueve grados y algo de viento, nada más dar la salida comienza a llover. La lluvia no me abandonará en toda la carrera. Bendita lluvia.

Llego tarde y me toca al final. Hoy no hay pases, voy a tener que adelantar a mucha gente.
-Así es la vida, ¿No te parece?

Los hay que te frenan, grupos que te bloquean el paso de lado a lado, otros te dan conversación muy agradable. Hay charcos como pantanos, la calle resbala como el pescado. 
Huele a humo de leña, de ese de arroz con caracoles. Parece un sitio agradable para quedarse.
-Tu sitio no es este. Lo sabes.

Es cierto, cuando algo te quema y te impulsa debes hacerle caso.- Necesito ir más rápido.
-Tú mandas. Llévame.

Pasan los kilómetros y la lluvia arrecia. Voy en corto y el frío se cuela por el cuello y la espalda. Las zapatillas están encharcadas pero sé que no puedo aminorar.
Aprendí que al correr, al igual que en la vida, cuando bajas la intensidad y te enfrías tienes la inercia de quedarte ahí estancado. Cuesta mucho después recuperar el ritmo.
-No cedas, mantén el ritmo.- me recuerda mi vocecilla- Tienes toda una eternidad para estar muerto.

November rain suena como un calvario, con su Cencibel y sus calas del Este. Casi puedo tocar Tabarca, está tan cerca. La lluvia lo pinta todo gris, pero se ve intenso. Huele distinto.

Llega un tramo de doble sentido y veo a los que van primero. Sus caras son de dolor, sufren con el placer de llevarse al límite.

-Yo quiero eso- clama mi pequeño demonio.

-Es cierto, estoy siendo muy conservador- No estoy haciendo lo que quiero, no duele todavía.
-Estoy lejos de poder hacer eso, mi forma física no está a la altura.
-No hay excusas, te lo dije.

-“Find what you love and let it kill you”, a estas alturas lo sabes de sobra ¿no?
-Deberías quitar la música.

No creo en las casualidades: algunas son tan descaradas. Al poco la lluvia aprieta mojando el mp3 que llevo en el costado. Deja de funcionar.
Retiro los cascos y me quedo solo con mi cuerpo. Alguien una vez me dijo que la media maratón empieza en el kilómetro 17, que antes todo es magia. Estoy de acuerdo.

Quince kilómetros pasando justo enfrente de mi futura casa. Me invade una agradable sensación. La gente aplaude como nunca he visto en una carrera, aguanta bajo el frío y la lluvia, animando y apoyando.

Echo en falta una cara conocida, una sonrisa cómplice en medio de la multitud.
Kilómetro 17
. Estoy helado, sobre todo los dedos. Mi lesión me recuerda que sigue estando ahí. Aprieto un poco más.

-Ya duele, ahora podemos acabar.

Nueva marca personal. Es apasionante sentirse vivo.

Julio Zaragoza

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