Gilbert arrasa en la Lieja-Bastogne-Lieja

Parecía un sueño increíble que se ha convertido en una gran realidad. Philippe Gilbert, con autoridad desbordada, ha vuelto por sus fueros triunfando en la decana de las carreras clásicas, que no es otra que la Lieja-Bastoña-Lieja, en una hazaña que merece muestro más encendido elogio. Lo más llamativo de todo ha sido que en el transcurso de un corto espacio de once días ha conseguido vencer en cuatro pruebas de indudable categoría, en Bélgica y en los Países Bajos. Esta vez, con su éxito en Lieja, le acompañaron los luxemburgueses, bien conocidos, los hermanos Frank y Andy Schleck, que conquistaron el segundo y el tercer lugar, respectivamente.

La carrera tuvo dos fases. La primera tuvo una importancia un tanto relativa dado que se inició bajo la iniciativa de un grupo de ciclistas integrado por diez ciclistas entre los cuáles se encontraba el conquense Jesús Herrada (20 años), oriundo de la población Mota del Cuervo, que a igual que sus compañeros de fuga quiso probar fortuna. La refriega logró mantenerse en liza durante un montón de kilómetros con una ventaja que osciló alrededor de los cuatro minutos. Los más ilustres, los considerados como favoritos, les dejaron pedalear con el presentimiento de que aquel golpe de efecto, tarde o temprano, terminaría sistemáticamente, cuando la contienda entrara en su curso decisivo. Hubo sus más y sus menos. La cabeza la carrera quedó formada posteriormente por quince valientes, que comandaba con más entereza el italiano Enrico Gasparotto, un poco creyendo que esta escaramuza sería fructífera a la larga. La meta ya estaba un tanto cercana.

Pero el arranque fundamental de la jornada tuvo lugar a una veintena de kilómetros de la meta de Lieja; o mejor dicho del barrio denominado Ans, una zona vecina que asciende a una altura de 184 metros, en donde, lo escribimos de paso, en el siglo XIII, albergaba un fehaciente poderío industrial en la producción del mineral de hulla, una explotación que dio riqueza a los habitantes de los entornos. Allí, surgió el dúo formado por los hermanos Frank y Andy Schleck, táctica previamente estudiada, lanzando un furibundo ataque que sirvió para romper el pelotón en mil pedazos. No faltó a la cita el belga Philippe Gilbert, que pronto se unió a los luxemburgueses con aplomo y decisión. Esto acontecía en el muro conocido bajo el apelativo de la Roche aux Faucons, que posee una longitud de kilómetro y medio y una pendiente media del 9,5 %, datos suficientes para disgregar a los corredores. Hubo un cuarto hombre, el bravo ciclista belga Van Avermaet, que iba por delante como remanente de la escapada iniciada a principios de la jornada, que intentó mantenerse a flote en el alboroto del momento. Se formó un cuarteto ante el entusiasmo y griterío de los miles y miles de aficionados que tuvieron la dicha de presenciar, aunque fuera fugazmente, aquel electrizante final.

Durante los postreros kilómetros, los de adelante trataron de mantener la escasa diferencia de tiempo que no pasaba del minuto. Van Avermaet, de acuerdo con toda lógica, capituló ante el peso de los kilómetros, y se quedaron tres al comando. Nada hacía presagiar que el terceto pudiera ser neutralizado. Su ritmo era sostenido y vibrante, porque sabían que por atrás pedaleaban en su persecución unos pocos, cuál fueran lobos hambrientos. Andy Schleck anduvo por unos momentos con inseguridad, pero pronto volvió a recuperar su ardor, uniéndose junto a su hermano Frank y a Gilbert. Este último pudo rubricar la fiesta con sus dos armas poderosas: la velocidad y la fortaleza. Los hermanos Schleck debieron rendirse ante la evidencia, aunque nos dieran un recital muy acreditado y aunque el corredor valón de Verviers les venciera claramente.

Al cabo de veinticuatro segundos y más, llegarían el checo Roman Kreuziger (4º), el colombiano Rigoberto Urán (5º), el danés Chris Sorensen (6º), el belga Van Avermaet (7º), el italiano Vincenzo Nibali (8º), el otro belga Bjorn Leukeman (9ª) y el español Samuel Sánchez (10º), que nos hizo quedar bien, aunque aspirábamos a más. Somos sinceros en manifestarlo. Los otros españoles mejor clasificados fueron Igor Antón (14º), Óscar Freire (15º) y Joaquín Rodríguez (26º), que estuvieron allí dando su testimonio. Mucha cosecha, esta vez, no la hemos tenido, si entramos en comparaciones con respecto a los vuelos de otros años en esta misma clásica.

El espectáculo panorámico que contemplamos de esta prueba de alta contenido histórico, repetimos, nos compensó suficientemente para difuminar, sin desmerecer, la actuación de nuestros corredores hispanos. No siempre las cosas han de salir a pedir de boca, podríamos decir llanamente.

Fuente: www.amigosdelciclismo.com

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