Mujeres al poder!

A lo largo de los últimos siglos la lucha social de la mujer por conseguir los mismos derechos que el sexo masculino ha sido constante, aunque algunos hechos puntuales o la actitud de unas personas en momentos concretos han resultado determinantes. El deporte también ha sido reflejo de ello y paulatinamente fueron consiguiendo competir en un mayor número de disciplinas.

Este reportaje se centra en la prueba del maratón, que dado su kilometraje y enorme esfuerzo necesario para completarlo quedó reservado únicamente durante años a la categoría masculina. Como otras pruebas de fondo, su práctica era considerada muy perniciosa para el más “frágil” organismo femenino y con fatales consecuencias para su fecundidad y futura maternidad.

Existe constancia en crónicas de la época de la participación de alguna mujer en las pruebas previas de maratón que se celebraron en Atenas para las primeras Olimpiadas modernas (1896). El nombre no es preciso, y según qué fuentes, se menciona a Melpódome o Stanis Rovithi. Independientemente del apelativo, todas las fuentes coinciden en que una de ellas pidió participar en la maratón olímpica, no siendo admitida. No se dio por vencida y corrió en paralelo a la carrera hasta alcanzar el reconstruido estadio Panatenaico, donde no se la permitió acceder, por lo que decidió dar una vuelta por el exterior para completar el recorrido tras cuatro horas y media de esfuerzo.

De manera esporádica se celebraron carreras femeninas de maratón donde destacaron atletas como Marie Louse Ledru, en 1918, o Violet Percy, en 1926; competiciones que continuaron celebrándose de manera aislada en años posteriores.

Más interesante puede ser lo acontecido en la tercera edición del Comrades Marathon, una espectacular carrera sudafricana de 90 kms que se venía celebrando desde 1921, cuando Frances Hayward decide participar. Lo tiene que hacer sin dorsal al tener la prueba sólo categoría masculina y tras completar el recorrido 25 minutos antes del cierre oficial de 12 horas no la permiten cruzar el arco de meta y, por supuesto, no la conceden la prestigiosa medalla de “finisher”, aunque lo que no pudieron evitar los organizadores fue el homenaje y reconocimiento que la tributaron el resto de corredores y espectadores. En los años treinta será Geraldine Watson la que complete “oficiosamente” en tres ediciones la carrera dentro del tiempo límite. Son gestas que no han quedado en el olvido aunque no será hasta 1975 cuando esta competición tenga categoría femenina oficialmente. Curiosamente ese año se permite también la participación de las personas de raza negra; otra lucha social que tiene lugar en el mundo en general y muy cruentamente en Sudáfrica.

Montañoso precedente

A diferencia de los maratones de asfalto el Pikes Peak Marathon (Colorado, USA) permitió la participación femenina desde su primera edición en 1956, aunque  no sería hasta dos años después cuando una mujer tomara la salida. Arlene Pieper tras casi seis horas de carrera alcanzó la cima del Pikes Peak (4300 m.), donde decidió retirarse tras haber completado la mitad del recorrido. Al año siguiente se volvió a presentar en la línea de salida en Manitou Spring junto a su hija de diez años y otra participante de 59 años, Katherine Heard. Esta última fue la primera en alcanzar la cima aunque aquí puso punto final a su esfuerzo. Arlene llegó poco después y se lanzó montaña abajo hasta alcanzar la meta en la misma localidad de donde había salido 9 horas y 16 minutos antes, convirtiéndose de esta forma en la primera mujer en completar un maratón de manera oficial. No queremos dejar en el olvido a la pequeña Pieper que también alcanzó notoriedad al ser capaz, a pesar de su juventud, de alcanzar la cima con 5h:44:52 de empeño. Curiosamente, en los siguientes años no hubo participación femenina y no sería hasta 1971 cuando una atleta volviera a completar este maratón de montaña.

El hecho de que el Pikes Peak Marathon fuera una carrera de montaña, considerada una mezcla de atletismo y montañismo, es la razón de que la participación femenina no tuviera la repercusión mediática que los hechos acontecidos posteriormente en el maratón de Boston de 1967.

Boston Incident: La espoleta feminista del maratón.

Cuando Kathrine Switzer decide participar en este histórico maratón, que se viene celebrando desde 1897, se debe inscribir con las iniciales, sin concretar su nombre, ya que sólo estaba permitido participar a los hombres. Aficionada y practicante del deporte en general, suele correr asiduamente para mantenerse en forma acompañada de algunos amigos maratonianos que la animan a participar, tras comprobar su resistencia, en la carrera de los 42 kms. Cuando intenta formalizar la inscripción choca con la burocracia organizativa que no admite su participación por motivo de sexo

Ella no quiere correr clandestinamente como hiciera un año antes, en 1966, Roberta Gibbs, sino poder portar un dorsal y aparecer en la clasificación final tras cruzar el arco de meta como uno/a más. Por ello, probó suerte ocultando su nombre para conseguir el dorsal, truco que funcionó ante el desconocimiento o sonrojo de algún organizador que no encontró razón para impedir su deseo de participar, como le pasó a la persona que la permitió acceder a los cajones de salida. El día del maratón, la preocupación de Kathrine es máxima no sólo por el reto deportivo que tiene delante sino por las reacciones que puedan devenir de su reivindicación, además de ser foco de miradas. Una vez en marcha los nervios pasan a un segundo plano y más al ir acompañada de su novio y algún amigo con los que hace grupeta, además los espectadores extrañados de la presencia de esta atleta femenina la animan con vehemencia.

Todo va sobre ruedas hasta que pasados siete kilómetros son adelantados por el autobús de prensa. Algunos periodistas se percatan de la presencia de una mujer que además porta un dorsal; en ese momento el director de carrera, Jock Semple, se abalanza sobre ella gritándola “¡fuera de mi maratón y dame el dorsal!”. El resto de acompañantes consiguen protegerla de ese furibundo ataque y continúa corriendo. Jock se ve incapaz en su intento de echarla y uno puede imaginarse su cara de impotencia al ver como la atleta continúa en la competición, que completará finalmente tras 4 horas y 30 minutos de esfuerzo. A pesar de ello, fue descalificada entre otros aspectos por competir en una prueba masculina, en una distancia prohibida para la mujer y por haberse inscrito ilegalmente. Lo que ya es inimaginable es cómo se le quedó el careto a Jock al ser el protagonista al día siguiente de la noticia y aparecer en varias fotos de la prensa del día. Su ruin acción empujando a Kathrine quedó fotografiada sobradamente y la reivindicación del sexo “débil” para equipararse a los hombres pasó a un primer plano social.

Aparece la categoría femenina

Llevó su tiempo, pero ya no había razones que permitieran a los organismos deportivos vetar la participación femenina en distintas pruebas. En 1971, en su segunda edición, el Maratón de Nueva York las permite participar, tomando la salida cinco mujeres al lado de 240 hombres. Únicamente se retiró una de ellas, siendo ganadora Beth Bonner, con 2h:55:22. Un año más tarde el Maratón de Boston por primera vez tiene categoría femenina, pero lo que volvió a ser noticia fue la foto de la salida de 1973, donde se reencontraron los protagonistas del “Boston Incident”. Se podría decir que desde aquel momento  Kathrine y Jock se aborrecían, pero con el beso que el director de carrera la daba antes de la salida, ya portando la atleta un dorsal oficial, se ponía punto final a ese desgraciado percance que cambió la vida de ambos.

Kathrine Switzer pasó a ser una referencia para los movimientos feministas del momento; ella incluso se implicó colaborando en la creación de distintos programas en varios países que buscaban la equiparación de sexos, y no sólo en el ámbito deportivo. También se tomó más en serio su preparación para futuros maratones consiguiendo ganar el de Nueva York en 1974 y ser segunda en el de Boston del año siguiente, donde logró su mejor marca personal con 2h:51:33.

Casualmente sería de nuevo en Estados Unidos, en los Juegos de Los Ángeles 1984, donde se produce otro significativo momento como fue la primera maratón olímpica femenina, con victoria de la local Joan Benoit. Una excepcional deportista que destacó en esta competición como lo han hecho otras atletas como la noruega Grete Waitz (ganadora de nueve maratones de NY entre 1978-1988), Ingrid Kristiansen (ganadora de los maratones de Boston, Chicago, NY y Londres en cuatro ocasiones), Rosa Mota (oro en Seúl 88) o la plusmarquista actual, con 2h:15:25, Paula Radcliffe. Todas ellas deportistas de gran pundonor como las anteriores que se han ido nombrando en este reportaje, las cuales no sólo tuvieron que hacer frente a la distancia reina del fondo, sino que tuvieron que luchar contra la desigualdad social que sufrían como mujer.

Animamos a todas a seguir luchando por la igualdad. Acaso no corren igual las mujeres que los hombres?

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