Noa, esta es tu maratón

Explicar por qué a veces nos planteamos un reto que te marca una vida no es tarea fácil. Solo sé que algunas decisiones hacen de ti una persona diferente y ya nunca vuelves a ser el que eras.

No pretendo robarle el tiempo a nadie, solo quiero contaros mi historia.

Mi nombre es Mónica, soy una mujer normal, casi entrada en los cuarenta, inquieta, impaciente, directa y amante de la adrenalina vital.  Soy cardióloga, de vocación y,  acostumbrada a un ritmo frenético, necesitaba un deporte repleto de fuerza para “soltar”, llenar espacios vacíos, renovar energías perdidas o simplemente dejar volar una mente estresada.

Empecé a correr casi por casualidad. Corría sin pulsómetro, sin rumbo, sin ritmo claro. Cada salida me insuflaba aire nuevo, me reseteaba, me apaciguaba…y así, como quien no quiere la cosa, me convertí en una “runner” o corredora popular. El correr se transformó en una forma de respirar, una necesidad.

En mayo del 2012, tome una decisión de esas que, como digo, encajan en tu camino, y lo cambian todo. Esa decisión, increíblemente especial, extraordinaria, me ha completado como persona: decidí ser madre soltera.

Estar embarazada no es algo sencillo, ni siquiera agradable, te cambia física y psicológicamente. Además las hormonas te vapulean sin cesar. Sin embargo, el embarazo es algo natural, tan natural como correr… así es que, junto a mi hija, continué corriendo, hasta casi el octavo mes de gestación, manteniendo la actividad y viviendo con tranquilidad cada kilómetro que recorría junto a ella. Contaros que, en cada movimiento,  ella se movía sigilosa y cómoda,  ambas notábamos plenitud y bienestar… Si eres corredora, me entenderás. Sabes que cuando todo va bien, desde las primeras visitas al ginecólogo, lo primero que preguntas es… ¿y puedo seguir corriendo? Y la sonrisa te sale cuando te contestan: “sin problema”.

El 20 de febrero del 2013  llegó Noa, con esa sonrisa inmensa que lo ilumina todo, sus mejillas sonrosadas y su cuerpecito repleto de energía. Supe, desde ese mismo instante, que había un antes y un después en mi vida. Emocionada, prometí brindarle mi corazón y enseñarle a vivir. Y le prometí una carrera, pero no una carrera cualquiera, sino una carrera “reina”, una maratón.

¿Cuándo volvería a correr? Me pregunté unos días después de parir. La adrenalina del parto, la necesidad de reanudar mi actividad, la urgencia de plantarme mis zapatillas y salir volando…Empecé a correr al mes. Pronto, muy pronto, cuando todavía el cuerpo no había vuelto a su posición inicial. Más adelante pagaría mi osadía.

maraton castellon

Empecé fuerte, demasiado fuerte. Entrené,  pese a la falta de sueño; un bebé que no duerme es algo que agota, y mucho…entrené pese a la lactancia materna…entrené pese a mis guardias, de 24 horas, mi trabajo y mis viajes laborales. Y entrené. Pero, como era de esperar, y posiblemente, arrastrando un problema muscular previo, me lesioné. Aún así, por inconsciencia, por orgullo, por coraje y quizás por irresponsabilidad…me planté con mis zapatillas en la maratón de Castellón del año 2013.

Decidida a retirarme, quise sentir el alboroto y las cosquillas en el estómago que solo un maratoniano entiende cuando suena el disparo de salida. Quería sentirlo. Y quería vibrar con el trote de miles de zapatillas deslizándose por el asfalto mientras la marea humana se abría camino hacia delante. Quería intentarlo con todas mis fuerzas…aguantar, hasta que ya no pudiese mas. Se lo debía.

Y empezó la carrera reina… y corrí.

Corrí, manteniendo ritmo. Corrí, oteando a la gente a ambos lados de la calle y sonriendo. Corrí, escuchando las bandas y tambores, la música, y los gritos de ánimo. Corrí…y  a mi vera, algunas personas entrañables, amigos, me acompañaron en cada zancada, compartiendo mi cara, mis gestos, mi ilusión y mi sufrimiento…y yo corrí…y claudicaba la pierna opuesta a la lesión para disimular que no dolía, compensando.

Y corrí… y al llegar al kilómetro 38, sabía que sí, que estaría ahí, hasta el final, pese a que la pierna empezó a doler, y a arrastrarse. No podía dejar de llorar. En ese momento, las fuerzas desaparecen, los músculos no los notas y el cuerpo se desconecta. La mente…es la que te lleva, te empuja, te hace grande y te recuerda que estás vivo. Y cuando alcanzas el kilómetro 42…entonces, solo entonces, sabes que lo has conseguido.

Nunca lo olvidare. Por ti, hija mía

“Cuéntanos tu historia”

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    2 comentarios
    1. Marisa
      Marisa Dice:

      Precioso relato Monica, solo te faltó decir que la foto que adjuntas es un premio de fotografía del que supiste por casualidad, una preciosa recompensa a tu esfuerzo… Un abrazo y enhorabuena campeona!!
      Por madre y por “runner”… 😉

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    2. Fran
      Fran Dice:

      Muy emotivo, solo los maratonianos conocemos esa sensación que te inunda todo el cuerpo cuando llegas al kilómetro 42, todos los días de entreno, todas las lesiones, todo el esfuerzo, tesón, sacrificios…. ¡ENHORABUENA!

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