Tirando de Recuerdos.

La década de los 90 fué la principal culpable. Fueron unos años impresionantes, unos años en los que los ciclistas conseguían mantenernos horas y horas con los ojos pegados a la televisión. Luchas cuerpo a cuerpo, sin contemplaciones. Todavía recuerdo a los Bugno, Chiapucci, Berzin, Pantani, Indurain, Jaskula, Rominger, y tantos y tantos ciclistas dejándose la piel en las carreteras con la intención de brindar espectáculo y de asegurar su continuidad como ciclistas de élite.
Por aquel entonces andábamos lejos de dopings, estrategias, pinganillos y demás tecnologías, legales y no tan legales. Nadie quiere decir que no existieran, ni hasta qué punto existían, sólo se vibraba con cada pedalada, con cada ataque, con cada contrareloj… Entonces no hacía falta estar hablando contínuamente de la parte negra de este mundo, simplemente te sentabas en el sofá… y a disfrutar! Soy consciente de que en lo extradeportivo, seguramente aquella época no sería muy diferente a la actual, ni quiero saberlo. No sé, quizá lo que viví en aquellos años me haga aferrarme al “ojos que no ven, corazón que no siente”.
Hoy me he levantado nostálgico, quizá echo demasiado de menos aquel ciclismo con el que crecí, yo soy uno de tantos miles que empezaron a pedalear a principio de los 90 intentando imitar a los más grandes. Quizá un día como hoy despierto así porque mi mente, sin saberlo, recuerda ese algo especial que sentíamos cuando entrábamos en estos meses ,  llegaba la hora de las grandes batallas, volvía el Giro, el Tour, la Vuelta…  en fín, supongo que habrá que conformarse con esa nostalgia. Intentaré un año más volver a engancharme a la tele como un chiquillo viendo dibujos, pero algo me dice que en cuanto oiga tres veces las palabras que tan cansado me tienen,   volveré a cerrar los ojos y a tirar de recuerdos. Quizá sea demasiado radical, pero uno no puede ir en contra de lo que  un día me hizo sentir aquel ciclismo. Recordaré siempre a infinidad de ciclistas luchando como titanes unos contra los otros, todos ellos fueros enormes para mí. Pero cuando cierre los ojos, cuando busque motivación, cuando necesite vivir un ratito de aquel ciclismo, por encima de todos inevitablemente a mi mente siempre vendrán las mismas piernas, la misma cara, la misma planta… Miguelón era muy grande.

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