Tour de Francia. Susto de Contador

Los 164 kilómetros de la quinta etapa del Tour de Francia abocaban a un sprint masivo. La profecía se cumplió, porque ganó el mejor velocista, Mark Cavendish. El más puro, técnicamente perfecto. Se largó una exhuberante exhibición individual, porque el mejor equipo, el suyo, había perdido el hilo a 800 metros de la pancarta final y se desataron todas las furias al olor de la victoria. Por lo demás, entre caídas y miserias variadas -Contador recibió una buena paliza contra el asfalto, sin consecuencias aparentes-, ese moderado kilometraje en territorio bretón dejará huella. No sólo por las magulladuras o las fracturas que ya han derivado a los hospitales a algunos desgraciados. Las fuerzas de estos atletas menguan a ojos vista y eso que sólo se ha cubierto el primer cuarto del Tour 2011.

Hubo escapada de salida con español, Iván Gutiérrez, designado ‘el combativo’ de la etapa. Hubo neutralización al cabo de 145 kilómetros de vana ilusión. Hubo contraataque al ritmo del tambor insistente de Thomas Voeckler, que rara vez falla el tiro pero esta vez no atinó. Y hubo, sobre todo, sustos morrocotudos.

La de Alberto Contador no fue la primera caída, ni la más grave, aunque su aspecto después de revolcarse por el asfalto no resultara tranquilizador. Transmitió calma él, frente a la cámara, con el pulgar extendido y hacia arriba para comunicar su buen estado físico. Le quedaban 87 kilómetros para llegar a puerto, a Cap Fréhel, entre bosques, aperturas azotadas por el viento y… contra el pronóstico, sol en casi todo el trayecto.

Los repechos más duros de los últimos kilómetros, la incidencia eólica y la desconfianza generalizada inundaron de favoritos la zona delantera del pelotón, todos en busca de salvación frente a la amenaza de un abanico -viento lateral y favorable, situación crítica- que, como casi siempre en el Tour, no se formalizó sobre la carretera.

Hasta el sprint antológico de Cavendish, todo fue sufrimiento. También se fueron al suelo, en diversos accidentes, corredores con aspiraciones de podio, como Gesink, Wiggins y Brajkovic. El esloveno, uno de los líderes del RadioShack, comienza un periodo de reposo forzado tras abandonar el Tour en ambulancia, igual que el francés Christophe Kern, quien puso pie a tierra, incapaz de sufrir más. Hace unos días, en el campeonato de Francia contrarreloj, parecía un volcán. En la primera parte del Tour, quedó en ceniza.

Las consecuencias de la jornada tendrán influencia en el control de firmas del jueves, por la gran cantidad de lesionados, golpeados y dañados que llegaron a duras penas hasta el final de la etapa. Tom Boonen fue penúltimo porque su compañero Engels evitó que cerrara la clasificación del día a más de 13 minutos. Su trompazo a 55 kilómetros de la meta, el mismo que dejó también maltrecho a su compañero Steegmans, que llegó apenas un minuto antes junto al también accidentado Ivan Velasco (Euskaltel), podría ser el fin de su participación en este Tour.

El murciano José Joaquín Rojas, tercero de la etapa, se dio el lujazo de subirse al podio un día más para recibir el maillot verde, aunque después del acto le dijeron que ya no es líder por puntos, porque los jueces habían anulado su puntuación en el sprint intermedio del día. Una descalificación que le quita el liderato de esta clasificación, pero que no le quitará ni moral ni alegría.

Mientras, los favoritos siguen de los nervios y desean que se acaben ya estas etapas ‘pestosas’ y repletas de peligros. Sus plegarias no serán oídas: llega el camino más largo del Tour, 226 kilómetros en Normandía, con un terreno todavía más ondulado y una nueva cuesta a 1,5 kilómetros de la meta en Lisieux.

Fuente: elmundo.es

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