Las agujetas, nuestras compañeras de viaje

Ahora que se acaba el verano es tiempo de redención. Tanto si comenzamos de cero, como si hemos parado solo en vacaciones, estas fechas significan la vuelta a la rutina para muchos/as.

Y… claro está, con la vuelta al ejercicio, vuelven a aparecer nuestras queridas “amigas” las agujetas.

Sin lugar a dudas, este tema es de los más controvertidos en la educación física, ya que circulan por el saber popular infinidad de detalles no del todo acertados. Además, la Organización Mundial de la Salud las califica como la lesión significativa más frecuente en el mundo deportivo, dotando de mayor importancia a este fenómeno de la que se le suele dar. Causan dolor localizado, disminución de la movilidad y de la agilidad corporal y malestar constante. En este artículo veremos que son, que importancia tienen y que maneras existen para plantarlas cara.

Como todo conocimiento científico, las ciencias de la actividad física están en continuo avance, y como tal, las teorías se van mejorando y afinando. En este sentido vemos como las agujetas fueron consideradas en su día como una acumulación de ácido láctico en nuestros músculos. Dicho ácido, es un compuesto residual que se produce con la práctica del ejercicio y que hay que eliminar. Como “al enfriarse” se cristaliza entre las fibras musculares, se creyó que era el causante de los dolores derivados de las agujetas.

Hoy día, se sabe que esta teoría es falsa y que las agujetas se deben principalmente a la microrotura de fibras musculares. Esta teoría explica por qué suelen aparecer durante los primeros días de entrenamiento y no cuando ya estamos adaptados a el, ya que al principio de un esfuerzo nuestros músculos aún no tienen la capacidad de soportar el estrés derivado del ejercicio.

Una vez que sabemos lo que son, ya podemos centrarnos en como combatirlas. Lo primero y más importante: EL AGUA CON AZUCAR NO SIRVE DE NADA. Al ser microroturas del tejido muscular, no podemos repararlo si más, solo podemos intentar acelerar su regeneración y mitigar el dolor. Veamos como:

  • Cuando el dolor es suave y llevadero podemos optar por dejarlo correr y no darle mucha importancia, o podemos utilizar alguna de las siguientes técnicas:
    • Calor localizado: Acelera la regeneración muscular.
    • Masaje suave (friegas): Un masaje con intensidad empeora las cosas.
    • Ejercicio suave: Caminar, trotar y sobre todo, estirar suavemente.
  • Si tenemos un dolor moderado:
    • Uso de pomada antiinflamatoria.
    • Baños calientes: Al igual que con el calor localizado, este proceso acelera el metabolismo celular y con ello la recuperación. Si añadimos al baño algún aceite esencial relajante, mejor.
  • Con dolor fuerte:
    • Analgésicos: Más bien tirando a los suaves. Estos son más que suficientes para el tema que nos concierne hoy.
    • Frío: Si duele mucho y has tomado un analgésico, puedes colocar frío (ducha, hielo,…) para mitigar el dolor hasta que haga efecto. De todos modos, el tiempo de exposición debe ser breve, ya que lo que nos ayuda a regenerar el tejido es el calor.
    • Minerales: Si las agujetas son muy fuertes suelen ir acompañadas de calambres. Estos se pueden combatir con un buen aporte de minerales como el Sodio, el Potasio y sobre todo el Magnesio.

Bueno, sin duda ya poseemos conocimientos teóricos sobre como afrontar las agujetas, ahora solo nos queda comenzar a entrenar y conseguirlas.  Aunque si, como es lógico, no quieres sufrirlas, te recomendamos que comiences tu época de entrenamiento con intensidad progresiva de menos a más, que estires mucho antes y después del ejercicio y que tengas, como siempre, una buena alimentación.

Fuente:  Salesportclub

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