Metas en el deporte. ¿Nos exigimos demasiado?

Aquí os dejamos un interesantísimo artículo de CMD sport donde Eneko Larumbe ( doctor en Psicología que ejerce como psicólogo deportivo y es profesor de la UEM) nos habla del tema. Según Larumbe: “si tienes claras tus metas es más fácil mantener la constancia, tanto en los entrenamientos como, posteriormente, en la competición”.

“Necesitamos fijarnos metas porque son la base de nuestra motivación. Sin ellas no se persevera ni se mejora el rendimiento deportivo”. Así lo considera el doctor en psicología por la Uned, Eneko Larumbe. Según este profesor del master en psicología de la actividad física y del deporte de la Uned, fijarse objetivos “no se circunscribe únicamente al ámbito de la competición, sino también y muy especialmente, en nuestros entrenamientos”. Asimismo, resulta crucial que esa definición de metas sea lo más realista y acorde con nuestras prosibilidades. Y es que exigirnos demasiado o demasiado poco puede acarrearnos frustraciones que acaben por desmotivarnos y llevarnos al abandono, primero de los entrenamientos y, al final, de la competición.

¿Es positivo fijarnos metas?

Por supuesto. Son de gran utilidad. Sirven para ayudarnos a saber dónde tenermos que invertir nuestros esfuerzos, tiempo y recursos. Si tienes claras tus metas es más fácil mantener la constancia, tanto en los entrenamientos como, posteriormente, en la competición.

¿Todos podemos alcanzar las mismas metas?
No. Y ese aspecto es imprescindible tenerlo muy presente a la hora de definir nuestras propias metas u horizontes. Cada deportista debe adaptar sus objetivos en virtud de su nivel real de práctica y de destreza, de sus posibilidades físicas reales, del momento en el que se encuentra. Al determinar nuestras metas es muy importante adaptarlas a lo que realmente podemos alcanzar. Lo que unos deportistas pueden conquistar no tienen per qué lograrlo otros. Cada uno tiene sus posibilidades y tanto las metas como el proceso y los recursos a emplear para alcanzarlas varían en virtud de cada deportista.

¿Qué debemos tener en cuenta al definirlas?
Como ya apuntaba es muy importante ser muy objetivo y realista con las propias posibilidades. Es de gran utilidad establecerse metas asequibles pero que, a la vez, constituyan un reto apetecible de modo que el deportista perciba progresión pero sin quemarse ni aburrirse. Asimismo, es necesario que esas metas sean lo más concretas y específicas para poder organizarlas y distribuirlas en el tiempo.

¿Podemos definirlas solos o es mejor que alguien nos ayude?
Tener un entrenador siempre ayuda. Eso lo saben bien los equipos y, evidentemente, los deportistas de nivel de disciplinas individuales. El asesoramiento de un experto nos ayudará siempre a acertar más, no sólo en la definición de las metas, sino también en los procesos y los tiempos a fijar para su consecución. Ese experto determinará las posibilidades reales de cada deportista en virtud de variables como su complexión, nivel de técnica y de destreza de ejecución iniciales y su potencial de proyección en el futuro, etc.

Las metas deben establecerse a corto, medio y largo plazo?
Efectivamente. Deben fijarse como si fueran un camino o una escalera, de modo que cada meta forme parte de un proceso global de progresión. Su concadenación nos ayudará a obtener satisfacciones cada vez que alcancemos una meta que nos ayudarán a motivarnos para afrontar con entusiasmo la siguiente. En definitiva, debemos fijarnos metas a corto, medio y largo plazo porque si sólo nos las fijamos a corto corremos el riesgo de estancarnos y si sólo las determinamos a largo, podemos acabar sintiéndonos desanimados ante un horizonte muy lejano y abandonar.

¿Qué problemas pueden surgir en el establecimiento de metas?
El más importante, la impaciencia o la precipitación. Las metas no se consiguen en el primer minuto. Y esa es una idea en la que, lamentablemente, caen muchos deportistas debutantes e, incluso, de nivel medio. Ello se debe a que, por norma general, se tiende a valorar más los resultados que otros variables relacionadas con el rendimiento deportivo y eso es muy peligroso para nuestro equlibrio entre motivación y satisfacción y posterior rendimiento en la competición. En definitiva, deben plantearse metas que tengan en cuenta tanto la propia ejecución como la destreza, es decir, que contemplen especialmente las fases de entrenamiento y no sólo los resultados obtenidos en las competiciones.

Sin embargo para muchos deportistas, precisamente las competiciones son la Gran Meta…
Cierto, pero el deportista debe saber qué posición ocupa cada competición en su particular escalado de metas. La mayoría de corredores noveles, por ejemplo, no se fijan un calendario de metas sistematizado y, debido a ello, tan peligroso es no alcanzar las expectativas como superarlas.

¿Y pues?
No establecer adecuadamente las metas no ayuda a controlar mentalmente y, por tanto, a canalizar adecuadamente, los resultados adversos ni los favorables. Nos pasamos o nos quedamos cortos de expectativas en una competición por falta de esa canalización y sistematización de nuestros objetivos y las consecuencias de ello, a menudo, pueden acabar llevando a la frustración al deportista.

Por tanto, ¿es crucial saber cuáles son realmente nuestras posibilidades ante cada competición?
Efectivamente. Y eso se deriva de un minucioso análisis comparativo entre lo que esperábamos a priori lograr al final de cada meta y lo que hemos obtenido al cruzarla, así como de las causas de todo ello. Y en ese proceso, insisto, la ayuda y asesoramiento de un experto puede evitar que nos dejemos llevar más por los sentimientos que por las razones.

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