Es la historia de mucha gente

Es la historia de mucha gente. Primero la vida sedentaria, el sobrepeso, el tabaco, el descuido de la propia salud. El cambio se produjo como las piezas de un dominó, que caen empujando unas a otras inexorablemente. Sin darme cuenta, poco a poco, hasta completar un giro completo que me ha llevado de un extremo a otro, o quizá, de un tipo de exceso a otro.

Andaría ya por los ciento diez kilos. Andaría por los cincuenta cigarros diarios, con un patrón de respiración bastante restrictivo ya. Andaría por el camino que lleva a la enfermedad y al deterioro con amplias zancadas, cada vez más torpe, más obeso, más descuidado, cuando decidí dejar el tabaco (la primera pieza del dominó que cayó) hace casi exactamente una década, el 10 de agosto de 2004 dejé de fumar y, para mi completo horror, engordé aún más con la inevitable ansiedad que acompaña a ese enorme esfuerzo, quizá el más grande de todos. El resto de los cambios, fueron tan inevitables como fáciles.

ultra trail

Después me puse en manos de mi nutricionista. En estos casos un dietista nutricionista que te ayude a cambiar hábitos de vida es el único camino a seguir. Todas las dietas, todas las modas, al cabo de un tiempo fracasan sin remedio. En apenas diez meses perdí treinta kilos y decidí, siguiendo el consejo de mi nutricionista, empezar a hacer un poco deporte para mantenerme. Me inscribí con un amigo a la San Silvestre de Getafe, para motivarme.

¡Qué horror! ¿Quién puede correr por gusto? Me preguntaba congestionado a los cinco minutos de haber empezado. El primer día cinco minutos corriendo, cinco andando, otros cinco corriendo y a casa. Jamás podría acabar una carrera de diez kilómetros. Era para otro tipo de gente, para los cachitas flaquitos que me pasaban como balas. Esos que seguro que llevaban toda la vida haciéndolo…

Por supuesto acabé mi “Sansil”. No sé en qué momento, los últimos días de 2005 ya había hecho el cambio en mi mente y pensaba “tengo que comprarme unas zapatillas mejores si quiero hacer un medio maratón”… y claro que cayó una media (la de Latina fue la primera), y después el MAPOMA, para cruzar la delgada línea roja que separa en tu mente, solamente en tu mente, el verte a ti mismo como maratoniano.

Y no acabó aquí la cosa. Podría haber acabado aquí, pero probé las mieles de la carrera de montaña en el Maratón Alpino Madrileño, y después de eso el ambiente de la montaña, el ritmo o la ausencia de ritmo que impone la orografía, las cuestas, las bajadas, las zonas difíciles, las pistas disfrutonas por bosques sombreados, los días de lluvia y nieve por el campo, el sol abrasador… al final eliges la forma de correr, el tipo de carrera que te gusta por cómo te gusta entrenar.

sobrepeso

Yo soy un diesel, un trotón, un “mente fría”, por lo que era inevitable (una vez más) que siguieran cayendo fichas de dominó, cada una tirada por la anterior, obligadas por la gravedad. La siguiente pieza era el ultratrail, el ir más allá de los 42.195 metros, el echar medio día subiendo y bajando y llegar exhausto y feliz a una meta en la que ser “finisher”, “acabador” es el premio que recibe desde el primero hasta el último. Un deporte de equipo en el que a veces no sabes con qué equipo vas a ir hasta que no llevas doce horas corriendo. Quienes van a ser los desconocidos que se conviertan en amigos entrañables después de sesenta, de cien kilómetros.

De ciento sesenta y ocho kilómetros con diez mil metros de desnivel positivo acumulado (y otros tantos negativos). Los del Ultra Trail del Mont Blanc al que iré a correr en agosto, diez increíbles años después que nunca imaginé.

Manuel García Ortiz

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